León XIV entre cal y arena?

Cuando observas las tendencias de las masas supuestamente más cultas, caes en la cuenta de que el nivel intelectual occidental ha decaído estrepitosamente. No ha sucedido, como en otras épocas, por falta de conocimientos, sino por un excesivo volumen de datos para los cuales la mente humana no está preparada. No se trata sólo de cantidad, sino también de calidad, pues el trigo se ha mezclado con la cizaña y las herramientas que en otras épocas el hombre poseía para discernir entre uno y otro se han debilitado enormemente. La cizaña de las ideologías han hecho un trabajo ejemplar, en especial a través del lenguaje. Ha sido una trampa en la que todo el mundo ha caído, y en particular la Iglesia Católica. Como católicos eso nos preocupa.
Ante la visita de León XIV a Francia, lo que más se ha difundido en medios y redes ha sido un mensaje de efusividad emotiva que realza un país europeo secularizado que todavía parece, parece mostrar hambre de Dios. ¿Qué aplaudía la multitud en Francia ante León XIV? ¿Está la Iglesia, y en particular la jerarquía católica cumpliendo el sagrado deber de verdaderos pastores, opuesta al espíritu del mundo? Esa es la cuestión relevante y para ello, nos atrevemos a mostrar una parte de la otra cara de la moneda, como elemento de discernimiento.
La página Refugium peccatorum, con unos miles de seguidores, nos ofreció la siguiente crítica, o autocrítica:
León elogia el lema masónico de la Revolución Francesa de libertad, igualdad y fraternidad, la misma frase que gritaban las turbas sedientas de sangre y anticatólicas mientras los Santos Mártires eran llevados a la guillotina.
En su discurso a las autoridades civiles y diplomáticas presentes del 25 de septiembre León tuvo palabras de alabanza para el lema Libertad, Igualdad, Fraternidad y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa.
«Con los grandes pensadores del Renacimiento, y más tarde del Gran Siglo, seguidos por los de la Ilustración, Francia fue responsable de avances significativos en nuestro mundo, incluyendo el reconocimiento de los derechos humanos fundamentados en la naturaleza de la persona humana, particularmente la libertad religiosa.
Este constante enfoque en la dignidad inherente a cada persona se refleja en vuestro lema nacional. Libertad, igualdad y fraternidad no son simplemente palabras inscritas en la fachada de vuestros edificios públicos; se refieren a imperativos éticos universales que también encuentran en el mensaje del Evangelio una fuente inagotable de inspiración y cumplimiento.»
La gravedad de este trilema revolucionario y la proclamación de los derechos humanos, reside en que se proclamaron estos supuestos derechos, con el fin de negar los derechos de Dios, es decir, se proclamó que el hombre es dios y el rey de todo el orbe, así como el documento Gaudium et spes del Vaticano II también herméticamente afirmó “todos los bienes de la tierra deben ordenarse en función del hombre, centro y cima de todos ellos”.
Bajo este lema se derrocó el antiguo orden Cristiano y se comenzó por establecer un nuevo orden sin Dios, por eso la importancia de este asunto. Nosotros hemos nacido en la síntesis del cumplimiento de la creación de este Nuevo Orden, estamos llegando al punto culmen de este plan luciferino, y por eso debemos de creer, vivir, y hacer todo lo contrario a lo que este mundo ha normalizado.
Tanto el lema como el Declaración han sido condenados repetidamente por el Magisterio Papal durante los 176 años que han pasado de la Revolución Francesa al Concilio Vaticano II. Entre otros documentos papales pre-Vaticano II, mencionamos:
Acta Quare Lacrymae de Pio VI Junio 17, 1793;
Instrucción Quod aliquantum de Pio VI, Marzo 10, 1791
Encíclica Mirari vos de Gregorio XVI, Agosto 15, 1832;
Encíclica Nostis et Nobiscum** de Pio IX Diciembre 8, 1849;
Alocución a los peregrinos francese de Pio IX Mayo 5, 1874;
Carta Apostólica: Notre charge apostolique de Pio X, Agosto 25, 1910;
Alocución de Julio 11, 1920 de Benedicto XV of July 11, 1920.
A continuación presentamos lo que dijo el Arzobispo Carlo Maria Vigano al Respecto:
“En París, en el Elíseo, León XIV ha elogiado la Ilustración como «conquista», ha dicho que los «derechos del hombre» —«en particular la libertad religiosa»— son «inherentes a la naturaleza de la persona», y ha presentado Liberté, Égalité, Fraternité no como lema de la Revolución, sino como «exigencias éticas universales» que encuentran en el Evangelio «una fuente inagotable de inspiración». Luego ha elevado la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 a «piedra miliar» del progreso moral.
Es exactamente lo contrario del Magisterio hasta Pío XII.
– Gregorio XVI, en Mirari Vos, llama «delirio» la pretensión de garantizar a cada uno la libertad de conciencia.
– Pío IX, en Quanta Cura y en el Sílabo, condena el error según el cual cada uno sea libre de abrazar la religión que juzga verdadera; que ya no convenga tener la Religión Católica como única religión del Estado; que sea laudable abrir a todo culto el ejercicio público; que esa libertad civil no corrompa las costumbres; y que el Pontífice Romano pueda y deba reconciliarse con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna.
– León XIII, en Libertas e Immortale Dei, corta el nudo: no existe un derecho natural al error; la verdadera libertad es la de hacer el bien; el Estado reconoce la verdadera Religión, no la pone al mismo rango de las falsas.
– Pío XI, en Quas Primas y Mortalium Animos, recuerda que la paz y la dignidad no nacen de la rebelión de la Declaración de los Derechos del Hombre, sino del Reino social de Cristo.
– Pío X, en Notre charge apostolique, desenmascara la tríada revolucionaria por lo que es: igualdad sin jerarquía, libertad sin Verdad, fraternidad sin Dios Padre —falsificación de la fraternidad cristiana, no su cumplimiento.
León XIV realiza la operación inversa. Pone en una misma línea a Clodoveo y a las Luces, como si el bautismo de Francia y la guillotina de clérigos y aristócratas pertenecieran al mismo «genio». Llama conquista a aquello que los Pontífices Romanos llamaban peste. Transforma en derecho aquello que el Magisterio perenne llamaba delirio. Hace del Evangelio la fuente de un lema masónico acuñado para destronar a Nuestro Señor Jesucristo.
Y, citando a Juan Pablo II, pone una declaración de las Naciones Unidas —documento sin Cristo, sin Iglesia, sin ley natural cumplida en la Revelación— en el lugar de la Tradición como criterio del «progreso moral».
León somete el Papado a la religión del globalismo: dignidad sin Mandamientos, libertad de conciencia contra la Voluntad de Dios, falsas religiones como variedades a tutelar, multilateralismo como horizonte, laicidad «justa» como marco. Prevost firma con la sangre de los Mártires de la Revolución la carta del hombre sin Dios. Como en el cisma capital, quien se sienta en la Cátedra de Pedro no retiene el error: lo bendice y lo convierte en dogma indiscutible.”
Monseñor Marcel Lefebvre, Carta abierta a católicos perplejos:
“Los principios masónicos y anticatólicos de la Revolución Francesa han tardado doscientos años en penetrar en cabezas tonsuradas y mitradas… es por medio de su lema que la Revolución ha penetrado en la Iglesia: Libertad, Igualdad y Fraternidad
«Libertad» — esta es la libertad religiosa de la que hablamos antes, que confiere derechos al error. «Igualdad» — colegialidad y destrucción de la autoridad personal, la autoridad de Dios, del papa, de los obispos; en una palabra, el gobierno de la mayoría. «Fraternidad» — representada por el ecumenismo.
Por estas tres palabras, la ideología revolucionaria de 1789 se ha convertido en la Ley y los Profetas. Los modernistas han logrado lo que querían”
El lema de la Libertad, igualdad y fraternidad, es la misma frase que gritaban las turbas sedientas de sangre y anticatólicas mientras los Santos Mártires de la Revolución Francesa eran llevados a la guillotina, no son palabras sin importancia, es el grito bajo el que se ha creado un nuevo orden sin Dios, un orden que rechaza a Cristo Rey, y bajo este mismo lema se han perseguido a los mártires Cristeros en México, en España, en Rusia, este lema es el resumen del Non Serviam.
Y todo fiel hijo de la Santísima Virgen y de la Santa Iglesia Católica debe de oponerse a él sin reservas, ni componendas, en este reside el combate de los hijos de la Mujer y los hijos de la serpiente antigua.
Les recomiendo ver la Película Vencer o Morir, sobre los mártires de la Revolución Francesa de la Vendeé, para entender lo que ha pasado, el momento de la historia en la que nos encontramos, y contra que enemigo nos enfrentamos”.
