Lobos venezolanos

Hay un patrón de conducta que se repite en la historia, y que desgraciadamente la ingeniería de lavado de cerebro ha hecho que la población no crea en dicho patrón. Se trata de que el agente más destructor de una institución o comunidad puede estar dentro, y desde dentro destruir: el enemigo en casa, realidad que muchas veces no queremos aceptar, realidad que hasta Cristo dejó bien clara en sus discursos. Está pasando con una guerra reciente, la de Ucrania, pasa con la UE y también está pasando en una institución divino-humana como es la Iglesia Católica.

Hemos seleccionado 2 textos de testigos que en pocas y breves frases, cuentan la historia simple y llana de quienes, desde dentro, expoliaron el país. Lo mismo está sucediendo con países como Argentina, a pesar de la propaganda a favor de un supuesto patriotismo que está llevando a cabo el gobierno.

El texto es de una Venezolana

Para los que izquierdosos encorsetados que no son venezolanos y aun así andan dando catedra y llamándonos tontos, va mi texto: El petróleo en Venezuela no comenzó ayer ni nació por arte de magia. La explotación petrolera empezó formalmente en 1914, con el pozo Zumaque I, en Mene Grande, Zulia, estado donde nací. En ese momento, Venezuela era un país agrícola, buscábamos plátanos, mangos, iguanas y mamones, estábamos sin tecnología, sin ingenieros petroleros y sin equipos para perforar. Por eso, la industria se desarrolló con inversión y conocimiento extranjero, principalmente de Estados Unidos. Eso es historia, no opinión. Mi papá trabajó casi 45 años en la industria petrolera venezolana. Mis hermanos son petroleros, no hablo por cuentos, hablo por hechos. En 1976, Venezuela nacionalizó el petróleo y pasó a manejar su propia industria. Y aun así, durante más de 25 años, el régimen regaló petróleo a Cuba, Irán, China y Rusia, mientras: • estudiantes eran asesinados por protestar • el país se destruía • millones de venezolanos emigraban • PDVSA era saqueada y politizada. Así que no, los venezolanos no somos ingenuos. Sabemos perfectamente que existen intereses internacionales. Pero también sabemos quiénes nos robaron, quiénes nos mataron y quiénes nos hundieron. No te vi protestando cuando mataron a Oscar Perez, Neomar Lander, y los 165 muertos de la protesta del 2017. Si no eres venezolano, si no viviste esto, si no enterraste amigos, si no huiste de tu país: cállate, escucha y respeta. Fin del comunicado.

SIGUIENTE TEXTO, análisis de otro venezolano

Hay algo peor que un dictador: quienes nunca lo han vivido y aun así se sienten con autoridad moral para explicarlo. Cubanos y venezolanos llevan años escuchando lecciones de dignidad, legalidad y “derecho internacional” de personas que jamás despertaron con miedo, jamás hicieron fila por comida, jamás vieron cómo el Estado se convertía en una cárcel. Hablan desde la comodidad, no desde la experiencia. Por eso hoy muchos venezolanos no están debatiendo teoría. Están respirando. Están aliviados. Están agotados de que otros les digan cómo deberían sentirse frente al derrumbe de un régimen que los aplastó durante más de dos décadas. La operación cumple todos los manuales del derecho internacional? No. ¿Las grandes potencias juegan con reglas propias? Siempre lo han hecho. ¿Eso invalida el alivio de quienes sobrevivieron al régimen? Tampoco.

Aquí conviene dejar algo claro, aunque incomode: nadie está diciendo que esto sea “justo” o “ejemplar”. Es poder actuando como siempre actúa. Incluso declaraciones recientes de funcionarios estadounidenses lo admiten sin pudor: no buscan épica ni pureza moral, buscan transición controlada, intereses estratégicos y evitar el colapso total del país. No desmontar todo el aparato, sino decapitarlo y administrar lo que queda. Eso no es liberación. Es gestión del daño.

Entre 2014 y 2024, Venezuela acumuló más de 7.7 millones de personas desplazadas según ACNUR, la mayor crisis migratoria del continente en tiempos de paz. El PIB cayó cerca de 80% desde 2013, un colapso comparable solo a países en guerra. La inflación superó el 1,000,000% en su pico, pulverizando salarios y ahorros. Organismos como la ONU documentaron detenciones arbitrarias, tortura y ejecuciones extrajudiciales, mientras ONG locales estiman decenas de miles de presos políticos y perseguidos en distintos momentos del régimen. Todo esto ocurrió antes de cualquier operación reciente y bajo un Estado sostenido durante años por ingresos petroleros, apoyo externo y control represivo interno. Lo indignante no es que hoy se discuta el derecho internacional. Lo indignante es que durante 20 años no pareció importar cuando otras potencias explotaban el petróleo venezolano, financiaban al régimen, lo armaban y lo sostenían. La explotación nunca fue el problema. El problema, al parecer, es quién explota. Mientras tanto, al venezolano común nadie le preguntó nunca si ese petróleo, esos acuerdos o esas alianzas respetaban su dignidad. Ahora sí abundan los seminarios morales. La empatía empieza cuando uno entiende que no todo es un debate jurídico desde un sillón cómodo. A veces es simplemente gente que sobrevivió celebrando que, por primera vez en mucho tiempo, algo se movió. Menos superioridad ética. Más escuchar a quienes sí estuvieron ahí. Pregunten a un venezolana si le importa qué pasará con su petróleo o su oro. Lo primero que dirán es que nunca ha sido “su” petróleo ni “su” oro y después te dirá que eres un mamaguevo.