Nuevo orden, nuevo dios

Chesterton se refería al Dios cristiano, sin embargo, su afirmación es cierta aún si elegimos una noción más o menos común de Dios en la mentalidad humana de todos los tiempos: un ser que no es de este mundo, que está más allá, que no se rige por las leyes humanas, que se diferencia del humano por su grandeza y poder, en fin, el que existe sin necesidad del hombre.

Es que, en cuestión de fe, nuestra sociedad ha retrocedido a un periodo que ni siquiera se podría llamar pagano; un periodo que no conocemos (quizá porque nunca existió), pues lo que llamamos paganismo, tenía como parte esencial de la vida el culto a uno o más dioses. Es decir, la tendencia natural religiosa se expresaba en el culto (testigo de ello son todas la culturas sin excepción). La naturaleza del ser humano seguía su curso.

Retrocedemos 3200 años

Las sociedades modernas, al dejar de lado los dioses, (en concreto al Dios cristiano), ha debido canalizar esa tendencia natural en algo otro. Así, la fe, que en gran parte es confianza, se ha volcado en las instituciones políticas y en la idolatría de sí mismo.

Los «cerebros modernos» ni siquiera han sido originales, pues se ha hecho lo que hace aproximadamente 3200 años hizo el pueblo de Israel, un becerro de oro.

Ya no hay más cielo, sino solo tierra. No hay nadie más allá. El ser humano es el centro y la explicación de todo lo que existe. La vida humana no tiene que pretender encontrar nada más allá de lo que puede palpar y medir; la razón, tiene que dejar de indagar por el sentido último de la existencia, más bien, tiene que focalizar todo en el momento fugaz de cada día, porque el ser humano no tiene más que eso.

Esas alas que durante milenios, creyó tener el hombre, hoy se le convence de que no las tiene, y esto simplemente porque los genios infalibles de la reingeniería social así se lo dictan. Para el cristiano, eran también las alas de la libertad, aquella que les trajo, La Verdad venida al mundo: “la verdad os hará libres” (Jn. 8, 31- 38 un análisis biblico aquí).

Por tanto, el hombre y la mujer modernos van por esta vida con fe, pero no ya en Dios, sino en sí mismos y en lo que les prometen y “venden” las sociedades llamadas democráticas. Dios es un término decorativo, una pieza de museo.

Una nueva fe excluyente y radical

Hay que notar que se trata de una nueva fe, tozuda, fanática, y hasta radical.

Esta agigantada crisis de coronavirus ha sido un desvelador de dicha fe encerrada en lo terreno. Cuando en otras épocas, ante males de pestes o guerra se incitaban unos a otros a pedir ayuda al cielo, en nuestro tiempo apenas iniciada la cuarentena, la gran mayoría de la población lejos de volcarse a la oración, ha solo pensado en enarbolar altares a los héroes que teníamos entre nosotros y no habíamos valorado: hombres y mujeres de carne y hueso, a quien ciertamente debiéramos valorar más (de hecho así, lo manda desde hace 2 milenios la doctrina cristiana y su visión personalista).

Pero el síntoma más revelador ha sido que han pululado por las redes los ataques a dioses extraños (como el Dios cristiano), porque parecía haber llegado el momento de demostrar que solo el dios ciencia, tecnología y poder humanos existía.

Así, quienes en otro tiempo se bautizaron consagrándose al Dios Padre, todopoderoso, Creador del Universo, ahora despreciaban hasta su idea, pues “del virus nos salva solo la ciencia”, “menos iglesias y más hospitales”, “menos sacerdotes y más sanitarios”, y un largo etcétera, algunas veces llena de tanto odio como de fanatismo.  Lo cierto, es que ha sido una clara toma de posición respecto a la fe “nueva” que predomina hoy en nuestra sociedad.

Nuevo dios y nueva creación

Esta fe moderna se viene implantando gracias a la manipulación de masas. Esta fe incita a creer en nuevos dogmas: “la creación está mal hecha”, “el universo ha surgido del azar, de la irracionalidad, de las fuerzas ciegas del universo” y por tanto, ahora que el ser humano ha logrado “ser dios”, debe convertirse en el creador verdadero. Para ello, es necesario destruir y construir (de-construir) casi todo nuevo, un nuevo ser humano, una nueva naturaleza, un nuevo orden mundial.

Ahora, cuando hablamos del ser humano hecho dios de sí mismo y del mundo, ello pareciera darnos poder y libertad, y esa es la percepción que se instaura en la mente de la población, sin embargo, como siempre ha pasado en la historia, dios será sólo el más fuerte, los demás serán sus esclavos.

El plan de una obra anti-Dios.

En la filosofía de las élites, el nuevo dios jamás tiene que asemejarse o ser una imitación del Dios judeo-cristiano, sino que debe ser su antítesis, es decir un anti-Dios. ¿A que nos suena esto? Pues, a eso mismo: un plan satánico en definitiva. Es que difuminado y relativizado el bien, el mal también deja de ser percibido como tal, y esto es un fenómeno poco conocido, pero la incrementación de ritos satánicos es una realidad.

En realidad, la humanidad ha dado pasos agigantados en esta dirección desde hace siglos, manipulando las conciencias con la “demonización” de lo sagrado cristiano (¿por qué tanto odio y desprestigio al medioevo?) implantando un nuevo orden del conocimiento y de la conducta (moral del relativismo), y llevando adelante agendas de destrucción de la obra de Dios. Para poner un ejemplo: se promocionó una economía que no tenía en cuenta la naturaleza y ahora, se nos hecha la culpa de haber destruido y contaminado el planeta, y ser nosotros los responsables. A partir de ello, surgen ecuaciones como la de Bill Gates, donde es necesario reducir parte de la población para “salvar el planeta”.

Estos ejemplos claramente manifiestan la obra anti-Dios, pues el Creador indicó desde el principio el orden natural “los bendijo Dios, con estas palabras: sed fecundos y multiplicaos, henchid la tierra y sometedla, gobernad sobre los peces del mar y las aves del cielo y todo animal que repta sobre la tierra” (Gen. 1, 28).

La destrucción de la persona humana

Los poderosos de este mundo, hace mucho tiempo han iniciado la agenda de un nuevo orden, también en lo que se refiere a la naturaleza humana: primero hay que destruirla quitándole todo lo que afirma su identidad personal (pertenencia a un credo, pertenencia a una nación, pertenencia a una familia, pertenencia a un sexo) y hacerlo individuo, o como se dice frecuentemente con orgullo, “ciudadano del mundo”, una vez convertido en algo indefinido (de alguien en algo), se lo podrá modelar en base al plan establecido: plan de producción en la obediencia ciega a un sistema. Así, se echará mano de los avances, en gran parte desconocidos de la tecnología moderna, para hacer de lo humano que quedaba, un trans-humano que ayudado por la técnica pueda ser más eficaz y más “maleable” al desarrollo productivo.

Todo esto bajo la supervisión del “ojo que todo lo ve”, lo cual será posible gracias al salto a la tecnología digital 5G. Haremos un mundo “inteligente” a “imagen y semejanza nuestra”, donde todo contribuya a lo que llaman “un mundo sostenible” (Agenda 2030) es decir, sin pobreza porque se eliminará a los pobres y en paz, porque el poder se reducirá a unos pocos que controlarán, quizá digitalmente, y por la fuerza, a toda la población.

Una sociedad controlada

La robotización de la humanidad, parece todavía a muchos una quimera del cine de ciencia ficción, sin embargo las conductas robotizadas ya son una realidad que venimos experimentando a lo largo de este siglo XXI. Y una muestra clara de esta realidad es la ignorancia o inacción de prácticamente toda la población ante la inversión del orden natural que se está llevando a cabo, y su fe ciega con ausencia de espíritu crítico a los postulados que repitan los políticos y medios amparándose en expertos a su servicio.

La población ya no se rige por datos, estadísticas y argumentos de peso, sino por aquello que venga presentado como tal y sea expresado por las instituciones en quien ha puesto su confianza. Se trata de una fe ciega en instituciones y medios de comunicación, a todo lo que es propuesto por los dioses políticos, comandados por las grandes corporaciones, los principales bancos y los centros de poder estratégico mundial.

Despierta

A tal punto ha llegado esta dominación de las masas, que la gran mayoría de la población no cree estar manipulada y toma actitudes infantiles y hasta agresivas, ante quien ose insinuarle que no está pensando con cerebro propio.

N.B. Este artículo ha sido escrito de la forma más sencilla posible, sin embargo no ha dejado de lado los aspectos más profundos de la actual situación, en la cual entran en juego las fuerzas humanas y también sobrehumanas, con una agenda clara que coincide con lo anunciado para esta etapa de la historia, donde en el decir de Benedicto XVI, se trata de la última rebelión de la creatura contra su Creador. En próximos artículos, ya no tan simples, iremos desmenuzando estos temas, que tienen un significado más allá del fenómeno social que causan y se insertan en esa lucha que se dio en el inicio de la historia, la cual continuará hasta el final.

DanielC