Religión, mejor no.

Circula por las redes un texto, varias versiones, de esos que revelan grandes verdades que me ha inspirado a redactar una versión propia. Otro motivo de inspiración ha sido, lo vivido en estos últimos 20 meses, como observación de la realidad social volcada a una fe ciega en instituciones nacionales y sopranacionales que ha mostrado su verdadera cara, persiguiendo claramente sus propios intereses malsanos y ocultando la despreocupación por el verdadero bien de la persona y la sociedad. Pero la población sigue aplaudiéndolos.  

Vivimos en una sociedad, que dio las espaldas a la palabra de Cristo, para escuchar al ideólogo de turno.

Nuestra sociedad “educa” a despreciar la filosofía, para poder vender cualquier cuento a mentes débiles, incapaces de cuestionarse, y aceptarlo todo desde la pura emotividad.

Esta sociedad desprestigió la Palabra que trasmitía la Iglesia Católica (El Evangelio), para que ahora la fe y la salvación se ponga en la ONU y otras instituciones del poder global.

Se nos “educó” a menospreciar la religión, el culto, la meditación que llenaba el alma, para que ahora, sedientos de silencio y paz, busquemos prácticas orientales, que apenas dan un poco de serenidad.

Se nos inculcó, el desprecio por la Confesión de los pecados, pero ahora muchos pagan por verse un poco aliviados con un psicoterapeuta, o psicoanalista.

Manipulada nuestra mente, hemos dejado de lado el visitar la Iglesia, arrodillarnos ante la presencia del Santísimo Sacramento, y llenarnos de su luz, para visitar, las pirámides que supuestamente dan energía y “buenas vibras.”, y leer frases y libros de autoayuda.

Hemos llegado a fastidiarnos por tener que oír una misa, o hacer oración unos minutos, y ahora hacemos «meditación trascendental» durante horas, o permanecemos inmóviles frente a una pantalla.

Nos hemos reído de quien nos hablaba de mandamientos y de moral y  ahora no entendemos porqué el mundo se ha vuelto tan individualista.

Se nos inculcó indiferencia y hasta desprecio a los signos religiosos, como colgarse una cruz al cuello, para que ahora nos marcáramos con tatuajes en todo el cuerpo.

Se nos impuso la ridiculización de la Biblia, para que ahora “formemos” nuestras mentes en la pasividad frente a una pantalla.

Se nos inculcó la idea de la naturaleza como diosa, para que un animal valga más que un ser humano en el vientre materno.

Se nos repite hasta el cansancio, que hemos progresado, que somos los mejores, que todos los anteriores no fueron ni tan listos, ni tan buenos, para que no caigamos en la cuenta de nuestra miseria.

Pero, a pesar de todo, podemos aún cambiar de camino. Nunca es tarde, para empezar de nuevo.

DanielC.