Siglo XXI ¿profético? Parte 3: ¿Tiene un sentido la historia?

Como presupuestos estrictamente necesarios para comprender el fenómeno profético presente también en la actualidad y no ceder a la mentalidad superficial actual que nos haría relegarlo al mundo de la ciencia ficción, o lo imaginario de alguna creencia, hemos dedicado las dos publicaciones anteriores a mencionar conceptos básicos para quien vive con madurez la fe desde una perspectiva también racional.

El ser humano es capaz de conocer verdades, no sólo por el camino de la ciencia experimental sino también a través de la filosofía y de la teología.

Por intereses ajenos al bien integral de la persona humana y su desarrollo, especialmente desde la Ilustración, se ha desarrollado una propaganda de desprestigio del pensar filosófico y teológico, no sólo desde el ámbito de los medios de comunicación, sino desde los mismos sistemas educativos. Y esto ha sucedido también con el estudio de la historia, la cual ha sido manipulada y usada como un instrumento de ingeniería social y manipulación de las masas. Al final, dejaremos un enlace a la presentación del libro «El sentido de la historia» de libro de Rafael Palacios, que por cierto recomendamos.

Cuestiones importantes sobre historia

Detenerse en meros acontecimientos sin tener una visión global, es lo que muchas veces expresamos como ver el árbol y no tomar conciencia de la realidad del bosque.

Como consecuencia de las desviaciones en materia de conocimiento que hemos mencionado antes, también la filosofía de la historia ha venido a menos o prácticamente se ha ignorado: ¿qué es la historia? ¿Cómo comienza la historia humana? ¿Tiene algún sentido la historia, o es un sucederse de acontecimientos caóticos? ¿Es cíclica o lineal?

Estas cuestiones no son frívolas, sino que elevan el pensamiento a la profundización de la historia. Salvo excepciones, hoy la pregunta más profunda suele ser ¿para qué sirve la historia?, por lo demás no hay un pensar la historia como tal, más allá de los acontecimientos. Y cuando se analiza los acontecimientos, por algún no se que de dogma moderno, se suele dejar en segundo plano el sentido cultural religioso, quizá porque se lo entiende como una manifestación de subjetividades.

Desde el punto de vista meramente racional (publicación anterior), sentada la existencia de Dios, no hay fundamento para negar su intervención en la historia, al contrario hay argumentos de conveniencia de que El se revelara (se diera a conocer) y diera a conocer, por ejemplo, el sentido de la existencia humana, cuestión que escapa a las ciencias.

Cristianismo y el concepto de la historia

El concepto de la historia en el pensamiento occidental ha estado profundamente definido por la concepción cristiana de la historia. Al decir concepción cristiana estamos diciendo asunción del patrimonio greco-romano que bien supo el cristianismo sistematizar y elevar gracias a la revelación bíblica.

¿Qué dice la teología cristiana respecto al sentido de la historia? ¿Existe un Dios que interviene en la historia humana o sólo existe un Dios fuera del tiempo que “arroja” el ser humano al mundo, con libertad y capacidad de decidir su propio destino?

El pensamiento judeo-cristiano considera a Dios en la eternidad, es decir fuera del tiempo donde se desarrolla la historia, y por ello para Dios todo es un eterno presente (también nuestro pasado y nuestro futuro). Dios en sí mismo no necesita historia, la trasciende (Catecismo n. 212).  

La historia como tal tiene un inicio, y ese inicio es el acto creador de Dios. En el decir de Aristóteles, Dios es el primer motor inmóvil, el que pone en movimiento el universo: si hay movimiento, hay sucesión de momentos, hay tiempo, hay historia. El Catecismo de la Iglesia lo describe así:

«Nada existe que no deba su existencia a Dios creador. El mundo comenzó cuando fue sacado de la nada por la Palabra de Dios; todos los seres existentes, toda la naturaleza, toda la historia humana están enraizados en este acontecimiento primordial: es el origen gracias al cual el mundo es constituido, y el tiempo ha comenzado (cf San Agustín, De Genesi contra Manichaeos, 1, 2, 4: PL 35, 175).» (n. 338).

Realismo de la intervención de Dios en la historia

El cristiano, a partir de acontecimientos históricos acaecidos en el pueblo de Israel,  conoce a un Dios que interviene en la historia humana no sólo creando directamente al ser humano, sino también estableciendo una relación personal con el. Comunicándose con el ser humano al modo humano. Lo hace en el Edén, lo hará con el pueblo elegido de Israel, lo hará en persona (Jesucristo) y finalmente lo hará por el Espíritu enviado a la Iglesia y los corazones.  

Así, la historia para el cristiano tiene un fundamento y sentido teológico, es decir en lo más profundo de los acontecimientos que se suceden en la historia siempre está presente Dios, respetuoso del don sublime de la libertad que ha dado al hombre. Por tanto, Dios para el cristiano no es Alguien que arroja al hombre en la historia y se desentiende de el, sino Alguien que hace al ser humano co-creador, colaborador libre de su propio destino y realización de un mundo según el orden del bien y la justicia. Sería de gran utilidad entender el concepto de libertad en este contexto, expuesto en el Catecismo a partir del n. 1730

Para el cristiano la historia se desarrolla en una relación e interacción entre Dios y cada ser humano, Dios que se revela en acontecimientos pasados y presentes, y el ser humano que lo busca, consciente o inconscientemente, cada vez que su mente y su corazón se liberan de la superficialidad cotidiana y entra dentro de sí para reflexionar. Es decir la historia se desarrolla no sin la presencia de Dios, por unos ignorada, por otros combatida porque no reconocen a Dios, y por otros,  vista como Providencia es decir sabiamente “dirigida”, sin interferir en la libertad dada al hombre. Lo cual no significa que en algún momento, la Justicia lo exige, Dios no tenga que pedir cuentas. 

Libertad humana, historia y pecado

Todo ser humano constata que no siempre su libertad es ejercida justamente, no siempre elije aquello que es objetivamente bueno, sino que normalmente experimenta tendencias que luchan en su interior, de modo que no siempre hace el bien que desea. Aunque la mentalidad moderna se empeñe en ridiculizar el término “pecado”, el pecado es algo presente en la historia de cada persona como una experiencia, de defección ante el bien. Por tanto, no es secundario entender la historia con esta dimensión de una constante lucha entre el bien y el mal.

El cristiano, al considerar un delito o una mala acción ve en ella más allá de lo que pueda ver el derecho civil: el cristiano ve en una mala acción, no sólo el daño producido a otra persona (o a sí mismo), sino también la ruptura o afectación que esa acción “produce” en Aquel que es Padre de ambos. De ahí que se use un término que involucra a un tercero (Dios), y que es el concepto de pecado.

El mal en el mundo es una experiencia cotidiana, el mal no es creado por Dios, pero el mal entra en la historia del hombre. Vale la pena profundizar este tema.

El Espíritu del mal presente en la historia

A partir de esa humana experiencia no de error, sino de verdadera presencia de lo que daña y hace mal, y gracias a la revelación, especialmente la enseñanza de Cristo, el cristiano reconoce en la historia la influencia de Dios, o del Espíritu del Bien, como también una influencia contraria, o espíritu del mal.

Uno de los textos más reveladores de la situación del ser humano en el mundo y la lucha entre el bien y el mal, lo encontramos en el capítulo 13 del Evangelio de S. Mateo, donde Cristo se dirige al pueblo, en parábolas como aquella del trigo y la cizaña y se encarga El mismo de explicársela a sus discípulos. En un lenguaje popular se nos revela el sentido de la historia, donde el mal es tolerado durante un tiempo de misericordia, pero no tiene la última palabra.

Para concluir

La visión cristiana de la historia no se queda mirando con angustia el sucederse de acontecimientos trágicos, ni tampoco pone sus esperanzas en una fuerza ilusoria del poder humano, sino que conociendo a Cristo, intenta «ver» desde la perspectiva divina el devenir de los hechos, por un lado sabiendo que el padre de la mentira, el “príncipe de este mundo”, como lo llamó Cristo, actúa para que el hombre deje de ser imagen de Dios; pero por otro lado siendo consciente de la fuerza de la persona humana cuando se deja influir por la acción del poder divino.

Vivimos inmersos en una historia que necesariamente, en lo más profundo, es una lucha entre dos amos. Cada uno debe decidir con palabras, obras y un estilo de vida concreto a quien servir. No es posible servir a dos señores.

Enlaces complementarios o para profundizar

  1. Presentación del libro «El Sentido de la historia» de Rafael Palacios: Arrancando en la Revolución Francesa, esta obra desmenuza las trampas colocadas en la historia actual para que no comprendiéramos el origen de las guerras, las crisis económicas y el fenomenal vacío existencial del hombre moderno. https://www.youtube.com/watch?v=H4IfdLcSMmE
  2. En ese claro exponer la fe y entrar en diálogo con las ciencias, uno de los más grandes intelectuales del s. XX, J. Ratzinger, en una breve publicación en el 2004, planteaba el desafío que representa en una cultura secularizada, la concepción de que Dios ha obrado y obra en la historia, en el cosmos y sobre la materia. Por otra parte, salía al paso de posturas teológicas de la segunda mitad del s. XX, que tendían a perder de vista la dimensión metafísica y cósmica del obrar divino, con una interpretación existencial de las expresiones de fe, vinculada a un programa de «desmitologización» a la luz de una llamada imagen moderna del mundo. Explica Ratzinger que la materia pertenece a Dios, y El obra en ella y en la historia… «Dios respeta las leyes de la creación y la libertad del ser humano que Él mismo ha creado, pero no es un Dios impotente, que habría que ubicar solo en el plano «espiritual» o «existencial» (Cfr. Sicouly Pablo, El obrar divino en la historia como objeto de fe. Benedicto XVI y Santo Tomás de Aquino, Rev. Sapientia Vol. LXVIII, Fasc. 231-232, 2012, en pdf)
  3. Sobre la actualidad de plantearse el sentido de la historia, lo explica de forma simple y dinámica en este vídeo https://www.youtube.com/watch?v=24p4dF-Etq8 El Padre Hernán Pereda licenciado en Teología Dogmática y Espiritualidad por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, Master en Comunicación Social e Información Religiosa. Iniciador de la Fundación Fecom. https://fecom.org/padre-h-pereda/
  4. Audiencia General de Juan Pablo II, explicando un texto bíblico que revela a Cristo, como Señor del Cosmos y la historia http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura575.htm
  5. Cristo y el triunfo histórico definitivo del bien sobre el mal en el Catecismo http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c2a7_sp.html